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rlyieh

Prosigue la contienda



Al’kadian se dejo llevar por las corrientes del Empíreo. No sabia cuanto tiempo llevaba allí, ya que en este lugar el tiempo no existía. Aunque tampoco es que le importara mucho, desde su muerte esas cosas habían dejado de preocuparle.
Lo que si le preocupaba era la misión que debía realizar, no por los peligros que pudiera conllevar, si no por la posibilidad del fracaso. No podía decepcionar a lilith. No decepcionaría a lilith, no podía permitírselo, había demasiado en juego.
El brujo siguió moviéndose, notó la presencia de un grupo de seres del Inmaterium, pero no le preocupaban, Al’kadian podía sentir el escudo psíquico que lilith levantaba alrededor de su cuerpo para evitar que los demonios sintieran su presencia, al menos los más débiles.
Este pensamiento le recordó que la vidente también se estaba jugando su vida protegiéndolo.
Al’kadian siguió adelante, cumpliría su misión, aunque le costara su alma.

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lilith permanecía sentada en el suelo de la pequeña campaña de hueso espectral que sus Aedas óseos habían construido para ella. Llevaban ya demasiado tiempo aquí, la guerra contra las fuerzas del Enemigo se había estancado en el planeta, y sus fuerzas no conseguían avances. Pero ella no debía preocuparse por eso, había delegado sus funciones a Durell, de manera que sólo debía ocuparse de mantener activo el campo que protegía a Al’kadian hasta que este cumpliera su encargo y volviera a su joya.

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Durell se agazapó tras una muralla e hizo a una señal su escuadra, que se ocultó de la misma manera que él lo había echo. El vidente echó un vistazo a la carretera adyacente al edificio en el que se ocultaban, un grupo de fuerzas del enemigo avanzaba por ella, y tras ellos multitud de vehículos de combate.
Aún no podía creer lo fuerte que era la resistencia en este lugar, en principio esto iba a ser una contienda rápida, los Necrontyr y sus aliados humanos no disponían de mucha presencia aquí, y sin embargo, sus fuerzas parecían inagotables.
Durell avanzó por la planta baja del edificio, seguido de sus tropas, ocultándose de la columna de fuerzas enemigas que avanzaba por la carretera.
Su misión era clara, debían evitar en la medida de lo posible el conflicto. Pues debía infiltrarse en territorio enemigo y descubrir de dónde provenían los refuerzos de los Necrontyr, en su mayoría aliados humanos.

Tras dejar atrás la columna enemiga, se refugiaron el interior de lo que parecía ser una antigua vivienda mon-keigh. Allí, se permitieron descansar un poco.
Durell observó a sus soldados, lo mejor de sus Lágrimas. Solo eran diez eldars los que componían el grupo, pero eran los mejores. Guardianes de asalto, comandados por Aldámahtar, que había sido ascendido a líder de escuadrón recientemente, por la valiente defensa de un pequeño puesto de exploración, contando sólo con un grupo muy reducido de soldados a sus ordenes.


Pasaron la noche en aquel lugar, pues preferían no emprender la marcha hasta el amanecer. En realidad, ninguno de los soldados llegó a descansar del todo, pues la proximidad de la batalla. Durell, desde luego, no consiguió conciliar el sueño. Sus pensamientos pasaban de Asonia a lilith, y de lilith a Asonia. Sabía que eso era peligroso, pues sus sentidos debían estar puestos del todo en la misión que tenían que realizar, pero no era capaz de quitárselas de la cabeza. Asonia, se había encontrado con ella un par de veces en el tiempo que llevaban en el planeta. Para el vidente habían sido unos encuentros muy agradables pese a que se habían reducido a cambiar palabras de aliento e impresiones sobre el combate. Y lilith, últimamente se estaba comportando de manera extraña, se había encerrado en aquella tienda para realizar algo que no quería comentarle y le había traspasado el liderazgo de las Lágrimas. Liderazgo que el pronto había puesto en manos de la Exarca de las Espectros, pues quería comandar en persona a las fuerza de infiltración.

A la mañana siguiente, volvieron a ponerse en marcha.

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Ragna-lok se movía a través del Inmaterium con rumbo fijo. Le sorprendía que Tzeentch le hubiera perdonado la vida, el dios no destacaba por conceder segundas oportunidades.
Le había encomendado acabar con el humano, con el “profetizado” como le había llamado. Ragna-lok se aseguraría de ello, tenía una cuenta pendiente con ese maldito mortal. Sin embargo, tendría que encontrar otra manera de entrar en el espacio real, esta vez de nada servirían los subterfugios, atacaría con todo su poder y para ello debía encontrar un canope adecuado, de nada le servirían los humanos, y mucho menos los Tau, necesitaba una psique mas poderosa.

Ragna-lok siguió adelante cuando sintió algo en el Empíreo, una perturbación… ¿eldar?
Bah, no importaba, el eco era muy débil y el tenía cosas más importantes que hacer.


De haber podido hacerlo, Al’kadian habría respirado aliviado, había creído que todo estaba perdido cuando vio al demonio acercarse al lugar en que él estaba, pues aunque el escudo que lilith proyectaba lo hacía invisible a los demonios menores, no estaba del todo seguro acerca de este.
Pero el demonio ya se alejaba de allí sin dar señales de haberlo visto.
Debía andarse con más cuidado, la próxima vez podría no tener tanta suerte.


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